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Configuración del hábitat popular

Entendiendo el hábitat como el escenario donde sucede lo social (Rodríguez, 2008). Se proponen cuatro categorías para entender lo popular en la configuración del territorio. En ellas cobran sentido las tres necesidades que suple el hábitat: un soporte técnico, asegurar un marco social y a partir de allí, poner orden al universo circundante (Gómez, Ibatá, 2008). Por ello lo técnico se expresa en el valor del suelo; la infraestructura pone en juego la condición económica que lo caracteriza; la segregación social expresa el marco desde el cual funcionan los barrios dentro de la estructura urbana; después se significa el concepto de marginalidad como una forma de poner orden a esta condición popular en la configuración total de la ciudad.


El valor del suelo


Entendiendo la problemática de la vivienda como una dificultad de suplir las necesidades de techo, cobra sentido que el valor del suelo sea un determinante en la configuración del hábitat popular. El terreno en que se asienta la vivienda es donde ocurre la primera descarga de valor económico de la propiedad. Por ello, en el territorio del hábitat popular es tendencia la apropiación ilegal del suelo o la compra de terrenos al precio más bajo posible. Ocurre entonces que se descarga éste abaratamiento del suelo en la desvalorización de las viviendas.

Sin embargo, con la posterior valorización de estas propiedades en el desarrollo de la economía, estas ingresan en el mercado inmobiliario en los niveles sociales de bajos recursos. Este valor del suelo, se reconoce por la ausencia de beneficios que presenta el contexto barrial, bien sea de movilidad o servicios públicos, o el simple riesgo de ser despojados de sus espacios de vivienda por la apropiación ilegal.

De esta forma, el valor se traduce en la desvalorización de estas propiedades de los barrios populares que son habitados en forma general por personas de bajos recursos. El primer objetivo de esta población, es la búsqueda de un techo. Aquello desencadena un incremento de necesidades en el espacio doméstico conforme transcurre el tiempo habitándolo. Por otro lado no se debe olvidar, como lo plantea Enrique Flórez que la vivienda autoproducida si bien no es exclusiva del sector informal, es una modalidad típica de éste para satisfacer sus necesidades de techo y “aunque la vivienda autoproducida puede acceder al mercado y venderse o arrendarse, no se produce con ese objetivo sino para usarse; se produce sin fines de lucro.” (2012, p.27). Con esto se entiende que los valores iníciales del suelo sean los más bajos posibles y así se mantienen hasta ingresar el mercado.


Acceso a servicios e infraestructura


Otro factor de importancia y a tener en cuenta es el de los servicios públicos. La ausencia de redes de infraestructura barrial, alcantarillado, energía, agua potable incide en el bajo valor del suelo. La falta de acceso a los anteriores y sus medios no es prioritaria en el desarrollo del barrio popular. La simple necesidad de una edificación no se prioriza en estar bien servida, pues la condición económica en que se desarrolla su construcción lo impide. Adicional a esto, los procesos en que se desenvuelven este tipo de barrios no están provistos de todos los servicios comunes a barrios con un desarrollo económico superior. La dotación posterior de estos estará limitada, pues al ingresar las entidades públicas a mejorar sus condiciones, en forma general, están caracterizados por una precariedad en su implementación, estancando así estos barrios a seguir siendo populares aun cuando se consigue proveer estrictamente servicios e infraestructura.

Si bien en el desarrollo de estos barrios se procura ingresar dotaciones como espacios públicos o equipamientos, la regla general es la de la mínima inversión. Donde se construyen equipamientos que sirven a múltiples necesidades, y espacios, se edifican en lugares como áreas residuales de la edificación del barrio o aprovechamiento de retiros de quebradas o zonas de riesgo. Aquello pone de manifiesto el interés de mantener mínima la inversión social en el barrio, pues estos lugares no alcanzan a proveer todos lo necesario para el pleno desarrollo urbano.


Segregación social


Consecuente con lo anterior, como lo expresa el arquitecto y urbanista Alejandro Echeverri, al intensificarse las dinámicas urbanas, y ser más fuerte la diferencia entre las clases populares y las altas en su condición socio-económica, al estar diferenciadas en su espacialidad, se produce una separación de estas trasladando lo significativo a lo simbólico (2011). Ya estos barrios no serán simplemente sectores pobres, sino un lugar que ofrece nuevas oportunidades desde una economía de fácil acceso dada su baja inversión. Aunque se pueden encontrar en estos lugares personas de mayor capacidad adquisitiva, siempre cargaran sobre ellos una connotación de popular, intentando siempre mantener esta distancia con este mundo bien sea al reducir las posibilidad de ingreso de la población a zonas mejor valorizadas o la propia negación de las clases altas a desplazarse a estos barrios bajos.


Concepto de Marginalidad.


Este trabajo entiende la marginalidad desde su la vertiente cultural sin desconocer su influencia desde la económica-estructural. Pretende destacar esta noción como un tratamiento que la población del hábitat popular ha adquirido, otorgándole la característica final que interesa a esta investigación. Para ello se revisa su origen:

En sus inicios se llamó marginales a los asentamientos urbanos periféricos que comenzaron a extenderse en América Latina en la década del 30 y que adquirieron considerable magnitud a partir de la década del 50, y al tipo de vivienda existente en esos asentamientos. Lo periférico, o marginal, se delimitaba en relación con un centro urbano y era respecto a las condiciones habitacionales medias existentes en ese centro como se juzgaban las carencias. (Delfino, 2012, p.20).

Al revisar la definición que le otorga la Real Academia Española, al concepto marginal como: “Que está al, margen”, se encuentra que aplicaría a todo lo referente de los bordes y orillas de algo. Con lo cual es necesario un punto de referencia, no se puede entender el margen sin su centro, y es claro en la expresión de Delfino, aunque no se otorgó en sus inicios una condición determinada a excepción de estar lejano a las dinámicas del centro. Posteriormente esta interpretación cambia, perdiendo su sentido topográfico, adjudicando a un sector de la población en condiciones de pobreza el término marginal. Con su establecimiento se configuro una teoría de la marginalidad, cuando se observan los procesos de industrialización y modernización que se introducen en Latinoamérica (Delfino, 2012).


Diversas teorías se construyeron desde esta apreciación, la teoría desarrollista entiende entonces:

En términos generales, para esta tradición de pensamiento las sociedades “subdesarrolladas” se caracterizan por la coexistencia de un sector moderno y otro tradicional. La característica central de este último sector es constituir un sector marginal aún no integrado al sector moderno, vale decir, a la propia sociedad.(…) . En este sentido, son las prácticas económicas, sociales y culturales “tradicionales”, y la falta de integración a las instituciones y a los valores modernos los que permiten definir al sujeto “marginal”. (Delfino, 2012, p.21).


Podría decirse inicialmente que la existencia de un sector pobre implica otro sector rico, cuyas dinámicas establecen y dictan una normalización social. Lo que no se rige por su lógica está al margen, por ello es marginal. Por otro lado, está la acentuación de las diferencias, lo cual se problematiza pues “para la teoría de la modernización, la marginalidad constituye un estado, la integración no alcanzada de ciertos grupos poblacionales en el proceso de desarrollo y participación”(Delfino, 2012, p23). Esta condición excluyente se entiende mejor desde la vertiente económica-estructural ya que:

Para la tradición marxista en su versión dependentista, la marginalidad no se entiende ya como un estado, sino como un proceso, y ese proceso de marginalización de amplias capas de la población se atribuye a las leyes de la acumulación capitalista. Desde esta perspectiva, la explicación de la marginalidad se encontraría en la crecienteinhabilidad del proceso de industrialización sustitutiva para absorber la creciente fuerza de trabajo. (Delfino, 2012).

Con esta imposibilidad del sistema por integrar a todas las clases sociales en sus lógicas, los sectores marginados adquieren un entendimiento propio. Al estar dentro de la misma sociedad capitalista, se produce un principio de traslape del sector marginal con el informal. (Bassols, 1990).

Con el devenir del concepto a una forma de exclusión cultural y económica de un sector de la sociedad capitalista, se produce una estigmatización y concentración territorial. Se descarga nuevamente lo marginal a su sentido topográfico originado en lo poblacional. Con ello el hábitat popular se explica desde un proceso de modernización e industrialización de las ciudades, donde surgen sectores de la población que no se adecuan al ritmo impuesto; derivando en procesos informales que se tensionan desde la economía capitalista. Aquellos se entienden como formas productivas al margen, que establecen nuevas configuraciones del territorio problematizadas por la sociedad en la que se insertan.


El problema de la vivienda


Diversas condiciones sociopolíticas o económicas han degenerado en problemas de vivienda alrededor del mundo. Por ejemplo, las condiciones de posguerra de los conflictos bélicos en general, dejan en su momento grandes sectores de población urbana sin hogar. Así mismo, la introducción de nuevas economías es otro ejemplo, pues atraen población migrante a los núcleos urbanos, los cuales no están preparados. Finalmente, la catástrofes naturales son un factor que dejan miles de personas despojados de sus viviendas. Cual sea el origen del surgimiento de un excedente de población sin techo, es importante reconocer este incremento inesperado como el primer origen de un déficit de vivienda.

Posteriormente ocurre la imposibilidad del sistema económico de ofertar viviendas para solucionar el déficit, bien sea por condiciones tecnológicas o temporales, incluso carencia de espacio en las zonas urbanas. Adicional a ello, encontramos el papel del estado cuya capacidad de ofrecer soluciones de vivienda deviene en políticas públicas que son concebidas de diversas formas, tales como: la caracterización de la población, la disposición de nuevas normas urbanas para incrementar la oferta edificatoria, o controlando los alcances del mercado en la producción de vivienda. Sin embargo, ninguna de las anteriores cubre la demanda de los sectores más pobres de la población.

Con el crecimiento de la economía mundial, se ha producido un aumento demográfico significativo, produciendo un desbalance en la oferta y demanda de espacios de vivienda. Por ello, surgen nuevos modelos de crecimiento urbano como unidades residenciales, torres de vivienda; el suburbio americano con casas unifamiliares dispersas en territorios periféricos, ensanches del trazado urbano de casas apareadas, hasta modalidades de apropiación ilegal de terrenos con edificaciones espontaneas. Diversas acciones por parte de particulares, el estado o el sector privado produjeron gran variedad de modelos de ocupación, los cuales se estructuran según disponen de la parcelación, urbanización y edificación. Estas tres categorías propuestas por Manuel de Solá, permiten ver una característica común en las formas de crecimiento que contienen el hábitat popular. El urbanismo tardío o posterior a la conformación del barrio, expresa en cualidades urbanas la caracterización de estos asentamientos.


Sobre la Parcelación, Urbanización y Edificación de Manuel de Solá.


Para entender mejor la condición de urbanismo tardío que se propone, se toman como base las formas de crecimiento urbano propuestas por Manuel de Solá, donde la evolución de las ciudades está determinado por tres pasos (Solá, 2001):

Parcelar: es el dibujo de lo que se proyecta como ciudad, la disposición de lotes en relación a las áreas libres que se destinarán para calles, viales, espacio público. Ante todo es el lugar por el que se asienta la infraestructura pública. Por eso se habla de la importancia de mantener la continuidad del tramado urbano cuando se amplía o se anexiona una parcelación con nuevas áreas, con el fin de tener acceso desde todos los lotes.

Urbanizar: Consiste en dotar de lo público. En esencia, hace referencia a la construcción de redes de abastecimiento y desabastecimiento e infraestructura de movilidad como vías, senderos, peatonales, ciclo rutas, etc. Equipamientos, espacios públicos y todo lo necesario para que el desarrollo social sea posible.

Edificar: es el pasó de construir. Es decir, proveer los espacios privados de lo que serán lugares de servicio individual, como viviendas, áreas de trabajo, comercio y toda clase de equipamientos que se servirán de las redes públicas o urbanizadas.

La clave de las formas de crecimiento está en el orden y presencia de los pasos anteriormente descritos. Así, el crecimiento que caracteriza lo que denominamos hábitat popular es definido por la existencia de una parcelación y posterior edificación en ausencia de un proceso urbanizador; aunque posteriormente se procura proveerlo.


Los Barrios de invasión


La invasión se presenta como un asentamiento desordenado y espontaneo donde la individualidad es norma. En palabras de Manuel de Solá, esta modalidad sería una forma de crecimiento marginal (2006). La edificación es el único proceso que puede llevarse a cabo sin la necesidad de que exista una forma de urbanización y de parcelación; lo que significa que no hay un trazado previo del dominio de lo público (calle, infraestructuras, espacio público, equipamientos) y el dominio de lo privado (la vivienda y edificaciones en general). Por ello vemos en su forma una agrupación desordenada de lotes, que pueden llegar a aparecer verticalmentediluyendo la calle y sus accesos entre la superposición de ranchos y casas sobre el terreno.

Esta forma de ocupar el territorio se ve desde la legislación colombiana como un proceso ilegal de la tenencia o usufructo del suelo. Partiendo de allí, se consideran zonas de invasión todas aquellas edificaciones sin título de propiedad del terreno. Dado que se ocupa un suelo ajeno, es usual encontrarlas en zonas poco concurridas y sin vigilancia estatal como bordes de quebradas, basureros, áreas de parcelas rurales, bordes de grandes vías o laderas demasiado pronunciadas, entre otros.


Urbanizaciones piratas


Esta modalidad, según de Solá, se define como una parcelación y edificación, carente de urbanización. Dentro del marco legal colombiano, a aquellas se les considera ilegales en su forma de edificación por factores como no cumplir las normas urbanísticas o por ser edificadas en terrenos considerados no urbanizables. Sin embargo, si es legal la tenencia de aquel suelo o lote (Torres, 2009). Así, los propietarios son legalmente dueños del lote que habitan, pero se salen del margen legal por ocuparlo y edificarlo de forma inadecuada.

Es importante reconocer los procesos de invasión como antecedentes a la modalidad de urbanización pirata. A raíz de esta problemática, los dueños de grandes parcelas venderán lotes (algunos no urbanizables) para ser edificados y así evitar perder la propiedad por las invasiones ilegales. Se deriva de esta modalidad, una construcción por parte de una entidad privada o por los propietarios, quienes con los lineamientos del lote edificarán poco a poco un barrio, que como se ha expuesto, carecerá de características propias al urbanismo, desde servicios públicos hasta infraestructura, y sufrirá posteriores intervenciones para ser incluidos como áreas urbanas.